Terminando el año astrológico, un poco de lo que todos estamos viviendo:
La rueda del Zodíaco, se completa con Acuario y Piscis, aire y agua.
La imagen de Acuario es “El Aguador”, un hombre que derrama sus pensamientos, sus
ideas, sus inventos a la humanidad -a todos por igual-, desde una mente
distinta, libre, sin prejuicios ni fronteras. Porque la energía acuariana es
energía eléctrica, que nos ayuda a romper nuestras limitaciones de tiempo,
espacio, materia y desarrollarnos en un nivel distinto: allí donde se encuentra
la intuición.
La energía de Acuario como síntesis, la vida se nos muestra como una sucesión de etapas: el pulso de un átomo, de un arbusto, de un árbol, de un pájaro, de un animal...; más allá, la existencia de un salvaje, de un ser civilizado, de un discípulo o un iniciado; luego de un ser planetario, de un ser solar; y todavía más allá...
Cuando somos capaces de expandir nuestra conciencia y vivir para la humanidad, se nos abre la puerta de la vida. Porque la fraternidad es otra palabra clave de Acuario. Es un estado de conciencia, en donde nuestros temores, sentido de separatividad y odios no existen más, la ira y la codicia desaparecen, para dar paso a un estado de libertad total.
... Y nos sumergimos en el mar de Piscis, con el objetivo final de la Iluminación.
Sí, aquí nos encontramos con dos palabras claves: evadir o trascender. Evadir a través del apego a los hábitos, de confusiones o perturbaciones emocionales y otras veces del fanatismo; o evadir mediante la personalidad, que solo conduce a la material. Liberándonos de ella llegamos a ser luces brillantes que ayudan a los demás a encontrar su camino, brillamos en nuestros hogares, en nuestra comunidad y en el mundo. Entonces, purificarse, creerse, para trascender e iluminar con todos nuestros colores, como el arcoíris que somos.
Con emoción...
Coca González



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